Dormir y despertar a la misma hora: por qué este hábito mejora tu bienestar físico y mental
Dormir y despertar a la misma hora todos los días, incluso los fines de semana, es uno de los hábitos más efectivos para mejorar el bienestar físico y mental, aunque también uno de los más subestimados en la vida moderna. Así lo explicaron los especialistas en sueño Antonio Hernández y Víctor Beguería durante una conversación en el podcast Tengo un Plan, donde analizaron la relación entre descanso, ritmos biológicos y prevención de enfermedades.
De acuerdo con Hernández, mantener horarios fijos para acostarse y levantarse permite que el sistema hormonal, digestivo y neurológico funcionen de manera equilibrada. “Si nos acostamos y nos levantamos acorde a las horas que idealmente necesita nuestro organismo, todo el sistema va a funcionar mejor”, explicó.
Ritmos biológicos y la importancia de la luz solar
Uno de los puntos centrales abordados fue el papel del reloj biológico interno, que regula funciones esenciales como la liberación de hormonas, la temperatura corporal y los niveles de energía. Beguería lo describió de forma sencilla: “Tenemos un reloj dentro que se encarga de que cada proceso ocurra cuando debe ocurrir”.
El principal sincronizador de ese reloj es la luz solar. Exponerse a la luz natural por la mañana ayuda a activar el organismo y a regular la producción de melatonina por la noche. En contraste, el uso prolongado de pantallas con luz azul antes de dormir envía señales contradictorias al cerebro y dificulta conciliar el sueño.
Los especialistas advirtieron que trabajar de noche o mantener horarios desfasados respecto al ciclo solar puede acelerar el envejecimiento biológico y alterar marcadores de salud, incluso cuando se duerme un número “suficiente” de horas.
El sueño, un proceso insustituible
Durante el podcast, ambos expertos coincidieron en que el sueño sigue siendo infravalorado frente a otras tendencias de bienestar. “Lo que ocurre durante el sueño no se puede reemplazar por ninguna otra vía”, afirmó Beguería.
Hernández destacó que durante el descanso profundo se producen procesos clave como la liberación de melatonina, la regulación hormonal y la neuroplasticidad, gracias a factores como el BDNF, esenciales para que el cerebro se adapte y consolide lo aprendido durante el día.
Además, alertó que la fragmentación del sueño y la falta de descanso profundo pueden relacionarse con trastornos neurológicos y enfermedades neurodegenerativas a largo plazo.
Calidad y cantidad: un equilibrio necesario
Sobre el debate entre calidad y cantidad de sueño, los especialistas fueron claros: no se pueden separar. Dormir pocas horas, aunque sean “de calidad”, no es suficiente, y dormir muchas horas sin alcanzar fases profundas tampoco cumple su función reparadora.
Aunque el promedio recomendado se sitúa entre siete y ocho horas, Beguería subrayó que lo más importante es despertarse con sensación de recuperación y energía sostenida durante el día.
Consejos prácticos para dormir mejor
Entre las recomendaciones destacaron:
- Mantener horarios regulares de sueño.
- Exponerse a luz solar por la mañana.
- Cenar ligero y con antelación.
- Evitar pantallas y series en la cama.
“Cenar muy cerca de dormir es desastroso para el sueño”, advirtió Hernández, al explicar que afecta la digestión y el metabolismo nocturno.
En conclusión, escuchar al cuerpo y priorizar el descanso no es un lujo, sino una herramienta fundamental de prevención y bienestar, especialmente en una sociedad que vive constantemente acelerada.