A 50 años de su extinción en vida silvestre, el lobo mexicano avanza hacia su recuperación
A medio siglo de haber sido declarado extinto en vida silvestre, el lobo mexicano comienza a dar pasos firmes hacia su recuperación gracias a programas de conservación binacionales y al trabajo constante de instituciones especializadas como el Museo del Desierto de Coahuila (MUDE).
Con más de 20 años de experiencia en conservación, el área de Desierto Viviente del MUDE retomó recientemente los esfuerzos de reproducción en cautiverio, tras la llegada de cuatro ejemplares machos que actualmente se encuentran en periodo de cuarentena. Estos animales arribaron el 9 de enero procedentes de la Comisión Estatal de Parques Naturales y de la Fauna del Estado de México, informó Fernando Toledo González, director del área.
Durante esta etapa, los lobos permanecen bajo estricta observación veterinaria. Se analiza su dieta, heces fecales y comportamiento para descartar parásitos, enfermedades o conductas anómalas. Una vez superado este proceso, serán trasladados al albergue especializado del museo.
Toledo explicó que uno de los principios fundamentales del programa es evitar el contacto humano, ya que el objetivo final es que los ejemplares —o su descendencia— puedan reinserirse en la vida silvestre. La interacción con personas reduce sus posibilidades de supervivencia y afecta incluso a las siguientes generaciones.
Actualmente, en México solo alrededor de 30 lobos mexicanos viven en libertad, mientras que poco más de un centenar se encuentran en cautiverio en distintas instituciones. A nivel binacional, entre México y Estados Unidos, se contabilizan aproximadamente 620 ejemplares, aunque la cifra sigue siendo baja para garantizar la viabilidad de la especie a largo plazo.
El lobo mexicano es la subespecie más pequeña de Norteamérica y fue erradicado durante décadas por campañas de cacería y envenenamiento, bajo el argumento de que representaba un riesgo para el ganado. Hasta 1976 se le consideró oficialmente extinto en vida silvestre.
Gracias al programa binacional conocido como MWSAFE, la especie dejó de estar extinta y actualmente se clasifica como en peligro de extinción. El MUDE se integró formalmente a este esfuerzo en 2009, luego de cumplir con estrictos requisitos de infraestructura, seguridad y atención veterinaria. Desde entonces, han nacido 27 cachorros en sus instalaciones, los cuales han sido trasladados a otras sedes para fortalecer la diversidad genética.
Uno de los grandes retos sigue siendo la falta de espacios adecuados, la educación ambiental y la aplicación efectiva de la ley, ya que la caza del lobo es un delito federal que puede castigarse con hasta nueve años de prisión.
Las liberaciones son coordinadas por autoridades federales y se realizan solo tras estudios exhaustivos del hábitat. Algunos ejemplares portan collares satelitales con GPS, lo que ha permitido confirmar nacimientos en vida silvestre durante 2024.
“Es un programa viable”, concluye Toledo. “Genéticamente estamos cerca del 80% de recuperación, y cada paso nos acerca a devolver al lobo mexicano a los ecosistemas que históricamente habitó”.