Resistir para no desaparecer: cómo los mayas conservaron su identidad cultural
La resistencia cultural del pueblo maya fue un factor decisivo para la preservación de sus tradiciones, lengua y cosmovisión, incluso frente a siglos de dominación colonial y religiosa. Así lo sostiene el antropólogo Mario Humberto Ruz Sosa, uno de los principales especialistas en lengua y cultura maya, con casi cinco décadas de investigación sobre los pueblos del sureste mexicano.
A lo largo de su obra académica, Ruz Sosa ha analizado prácticas lingüísticas, conceptos filosóficos y expresiones culturales de origen prehispánico que sobrevivieron a la Conquista y al proceso de evangelización. En entrevista con La Jornada, el investigador explicó que, pese a los esfuerzos de los conquistadores españoles y de la Iglesia católica, hubo aspectos fundamentales de la cosmovisión maya que no pudieron ser erradicados.
Uno de los ejemplos más claros se encuentra en el lenguaje. Para los pueblos mayas, la forma de nombrar el mundo refleja una manera distinta de sentir y comprender la realidad. Expresiones como “disfrutar la televisión”, en lugar de simplemente “verla”, evidencian una relación más sensorial con la experiencia cotidiana. Esta lógica también se manifiesta en los clasificadores lingüísticos del maya: p’éel para lo inanimado, k’úul para plantas y árboles, y t’úul para los seres con aliento vital, categoría que incluye a humanos, animales, dioses e incluso a los muertos.
Desde la cosmovisión maya, la muerte no es un estado definitivo. Los difuntos habitan temporalmente el inframundo, lo que demuestra que la idea cristiana del infierno no logró imponerse por completo. Para el antropólogo, esta permanencia de creencias ancestrales es una forma clara de resistencia espiritual.
La rebeldía maya también se expresó en la escritura y las artes. Durante la época colonial, los mayas adoptaron el alfabeto latino, pero lo utilizaron para escribir en su propia lengua, no en español. Asimismo, diversas danzas y representaciones teatrales conservaron símbolos y movimientos prehispánicos, algunos vinculados a figuras míticas como Hunahpú e Ixbalanqué, protagonistas del Popol Vuh.
Ruz Sosa señala que la cultura maya no desapareció, sino que se transformó. A diferencia de otros pueblos mesoamericanos con sistemas centralizados, los mayas estaban organizados en múltiples señoríos independientes, lo que dificultó su sometimiento total. Esta fragmentación permitió que su identidad sobreviviera al paso del tiempo.
“La historia demuestra que los mayas siguen aquí. No fueron vencidos culturalmente; supieron adaptarse para no dejar de ser quienes eran”, concluyó el especialista.