Por qué abandonamos el ejercicio y cómo mantener la constancia, según la ciencia

 Por qué abandonamos el ejercicio y cómo mantener la constancia, según la ciencia

Un par de zapatillas nuevas, una playlist motivadora y la promesa de entrenar todos los días. Sin embargo, una semana después, el entusiasmo se desvanece y el ejercicio queda en pausa. Esta experiencia, común para millones de personas, tiene una explicación científica: la mentalidad de “todo o nada”, un patrón psicológico que dificulta la constancia física y termina sabotando los hábitos saludables.

Así lo revela un estudio reciente de la Universidad de Michigan y la Universidad Estatal de Kent, que analizó por qué incluso personas motivadas abandonan sus rutinas de ejercicio antes de convertirlas en un hábito duradero.

El problema de buscar la perfección al entrenar

La investigación, liderada por la científica del comportamiento Michelle Segar, concluye que muchas personas establecen estándares rígidos e idealizados sobre lo que cuenta como “ejercicio real”. Cuando no pueden cumplirlos al pie de la letra, optan por no hacer nada.

“El pensamiento de todo o nada surge cuando un plan de ejercicio específico se vuelve inviable”, explica Segar. En lugar de adaptar la rutina, las personas abandonan por completo la actividad física, aun cuando podrían beneficiarse de versiones más cortas o menos exigentes.

El estudio se basó en entrevistas a 27 adultos de entre 19 y 79 años que, pese a intentarlo repetidamente, no lograban sostener una rutina constante. Aunque esta mentalidad ya se había identificado en temas como la alimentación, es la primera vez que se analiza de manera profunda en relación con el ejercicio.

Los cuatro muros invisibles que frenan la constancia

Los investigadores identificaron cuatro factores clave que explican por qué la mentalidad rígida termina alejando a las personas del ejercicio:

  1. Estándares irreales: si una sesión no dura cierto tiempo o no es intensa, se percibe como inútil.
  2. Búsqueda de excusas: el ejercicio se asocia con incomodidad, dolor o cansancio, lo que facilita evitarlo.
  3. Baja prioridad diaria: las obligaciones laborales y familiares desplazan fácilmente la actividad física.
  4. Desconcierto personal: muchas personas no entienden por qué dejaron de ejercitarse, aun sabiendo que les hacía bien.

Este conjunto de factores provoca que no hacer ejercicio se convierta en una “salida estratégica”, especialmente en contextos de fatiga mental y estrés cotidiano.

Qué recomienda la ciencia para no abandonar el ejercicio

Lejos de limitarse al diagnóstico, el estudio propone estrategias prácticas para romper el ciclo del abandono:

  • Eliminar la autocrítica: fallar un día no invalida el hábito completo.
  • Aceptar lo “suficientemente bueno”: caminar 10 minutos o estirarse también cuenta.
  • Dejar atrás experiencias negativas previas: el pasado no define la relación actual con el ejercicio.

Segar enfatiza que el bienestar físico no depende de la perfección, sino de la flexibilidad y la repetición posible. “Nada tiene que ser perfecto, incluido el ejercicio”, subraya.

Un cambio de mentalidad para una vida más activa

Este estudio representa un paso clave para entender por qué tantas personas abandonan el ejercicio, incluso cuando desean mantenerse activas. La evidencia científica apunta a que reducir la rigidez mental y replantear lo que significa ‘hacer ejercicio’ puede ser la diferencia entre rendirse o construir un hábito sostenible.

En un mundo marcado por la exigencia constante, la ciencia recuerda algo esencial: moverse un poco siempre es mejor que no moverse nada.